El reportaje de bodas. Parte III. Cocktail, banquete, baile y fiesta.

Tercera y última parte del manual fotográfico para novios

Terminamos con esta entrega este brevo-pero-extenso manual para que los novios casaderos sepan como solemos funcionar los fotógrafos (o al menos como funciono yo) el día de la boda. Después de las casas de los novios, la ceremonia y las fotos de pareja, la última (o últimas partes) son para todos las más llevaderas y divertidas, pues es donde realmente comienza el festejo y los invitados se lo pasan de lo lindo. Los fotógrafos también, claro, pero llevamos ya un rato cargando con la cámara y se nota.

El cocktail

Seguramente los invitados hayan llegado ya al recinto del banquete y estén como locos esperando a los recién casados. Es muy probable que incluso hayan empezado a zamparse los canapés. A veces pienso que menos mal que los novios hacen antes la prueba del menú, porque no sé cuantas veces se han debido quedar sin probar nada a base de abrazar y saludar. Pues como sea, haced el favor, novias, de esperar a salir del coche a cuando estemos listos para plasmar el momento. Y novios, curráoslo un poco y ayudadlas a salir, que además de ser un gesto galante queda muy bien en las instantáneas. Ah, y como siempre digo… no hay tanta prisa por salir corriendo, así que hacedlo despacio, miradnos de vez en cuando y, en definitiva, pues ese tipo de cosas.

El reportaje de bodas. Parte III. Cocktail, banquete y fiesta.

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El brindis inaugural también es cosa fina. Vuestra primera copa en matrimonio. Emocionante ¿no? Pues no dejéis pasar este momento y si el fotógrafo no está delante, despedidlo, porque se está perdiendo parte importante.

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Una vez en el cocktail, pues varias cosas a tener en cuenta. La primera es que las fotos a partir de este momento están a vuestra disposición. Es el momento de que nos llaméis para pedirnos retratos con el primo tal o la tía cuala, que hace siglos que no coincide con la otra tía pascuala y puede ser un momento memorable ¿de verdad os lo vais a perder? Nosotros, estamos a la búsqueda de “robados” en instantáneas de momentos divertidos, pero también hacemos las fotos que los invitados nos piden. Hoy por hoy, el fotógrafo de boda “se enfrenta” a la avalancha de cámaras digitales y smartphones de chorrocientos megapíxeles. Los propios asistentes van a llenar sus tarjetas de memoria con fotos de ellos mismos y sus grupos de amigos, muy probablemente de una manera más fresca y cercana de la que podamos llegar a hacer los fotógrafos “oficiales”, quienes pese a nuestro empeño seguimos siendo extraños por allí. Así que muchas de nuestras fotos van a ser repetidas, pero por favor, recordad a los asistentes que ahí estamos para todo el mundo. Mientras nos llaman, si nos podemos apañar, nos escurriremos entre las mesas y camareros para capturar algún instante espontáneo, o pillar infraganti a los padrinos zampándose un canapé de caviar. No suelen ser fotos artísticas pero sí divertidas y naturales.

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Otra cosa a tener en cuenta es la imposibilidad de los fotógrafos de conocer a todos los invitados y la importancia dentro de la genealogía familiar, así que ya me ha pasado alguna vez dejarme algún pariente sin retratar lo suficiente, así que para evitar tal contratiempo, insisto: avisadnos. Una opción es hacer en este momento las denominadas “fotos de grupo” que tampoco es que sean muy imaginativas (depende de la espontaneidad de los implicados) pero que aseguran la comparecencia de todos (o casi todos) en el álbum de recuerdo. La contrapartida de estas tomas es que los novios salen en todas y se pierden el catering; además del trasiego de ir llamando y/o buscando a los interesados en aparecer con uno u otro grupo. Otro “pero” es que además de los novios, los fotógrafos también estamos todo el rato con estas fotos y nos perdemos parte del cocktail (no de la comida, sino de las fotos, digo), salvo en el caso de que vayan dos fotógrafos, lógicamente.

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Otra alternativa a lo anterior es el Fotocall (o Photocall; o Fotocol; o “lugar-donde-los-invitados-posan-hciendo-el-monguer”) que lo pongo aquí pero que realmente puede figurar en cualquier otro momento de la celebración. Hay muchas maneras de hacer Fotocalls, y aunque la idea es que por ellos pase todo el mundo lo cierto es que a veces se siguen escabullendo muchos y otros en ocasiones ni se enteran de que el Fotocall está funcionando, así que tampoco garantiza la presencia del total de los asistentes, pero sí de una buena parte. Ah, y claro, los novios aquí están más que liberados, pero los ftoógrafos no tanto. Conviene pensar, por tanto cuál es el momento idóneo para montar el Fotocall en caso de querer uno. ¿Mi recomendación? Durante la cena; más o menos con los postres y antes del baile. La razón principal es que no quita tiempo contratado al fotógrafo, la gente que sale al baño o a fumar se da cuenta de donde está y es una manera de distraer también a los invitados.

El banquete

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Del mismo modo que el cocktail se inaugura con el brindis, el banquete empieza con la entrada triunfal de los novios que han sobrevivido milagrosamente hasta ese momento a los efusivos besos y abrazos del personal, a las continuas peticiones de posado junto a familiares, amigos y compañeros de trabajo (a veces al mismo tiempo) y a su llegada son aclamados como héroes y protagonistas. Que no os engañen: lo sois, así que disfrutadlo. Lo normal es vernos a los fotógrafos reptar hacia atrás haciendo vuestro mismo camino hacia la mesa nupcial pero tropezándonos con todo porque vamos como los cangrejos, pero el recorrido hay que cubrirlo, y si luego volvéis a brindar otra vez, pues también. Y en este punto, una vez que estáis sentados y acomodados y la gente ha dejado de aplaudir, nos acercamos y nos despedimos durante un rato de vosotros para que disfrutéis del banquete con un mínimo de tranquilidad.

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Cosas importantes. Los fotógrafos también comemos, pero salvo que tengamos que ausentarnos del local de la celebración, estamos cerca con el dedo en el disparador. Así que no está de más tener a algún compinche que nos avise cuando vayáis a hacer algo fuera de la habitual rutina de pinchar y cortar solomillos y besugos: sorpresas, regalos de invitados a los novios, cumpleaños (de estos siempre suele haber alguno), los pases de diapositivas y, por supuesto, la entrega o lanzamiento del/los ramo/s. La verdad que hace tiempo que no veo a una novia lanzar el ramo como se hacía antiguamente, pero vamos, que sea lo que sea lo que se haga con él, pues es un momento memorable.

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Como solemos tardar menos que vosotros para comer 8esto es un hecho) y nos aburrimos como ostras, procuramos sacar algo de provecho al banquete y vamos robando momentos del mismo modo que hacíamos en el cocktail. Pero aquí muchas veces se nos pide, cuando no sale de nosotros mismos, hacer fotos de las mesas. Esta sí que es una buena opción para no dejarnos a ningún invitado sin un buen flashazo en la cara. Y digo esto porque salvo excepciones, una de las cosas que acostumbra caracterizar a los salones de boda es su iluminación acogedora pero tristemente dañina tanto para el balance de blancos como para los retratos sin sombras cenitales. Nótese en la parte en la que digo “salvo excepciones”, y es que esto que digo pues no siempre pasa. Invitados: habitualmente las mesas son redondas y el espacio entre ellas bastante escaso, así que os pedimos que os agrupéis lo mínimo necesario para no tener que cortar a nadie en la toma. Gracias de antebrazo.

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En ocasiones, en varias, de hecho, he sido fotógrafo e invitado al mismo tiempo, compartiendo mesa con otros convidados. Como sufro deformación profesional, ni esos momentos en los que hay un interludio entre carne y pescado soy capaz de soltar la cámara y sin levantarme del sitio hago fotos a mis vecinos. Por lo general, suelen ser fotos mucho más “cálidas” y cercanas, pues hay más confianza con esa gente que te ha visto pelar una gamba con cuchillo y tenedor sin entrenamiento previo que con el resto a quienes les pides reticentemente que sonrían, por favor. ¿Y esto a santo de qué? Pues de que la gente usa sus propias cámaras para instantes durante la comida o cena que los fotógrafos nos perdemos. Hasta la fecha ni novias ni novios nos han pedido responsabilidades por no haber tenido la foto del momento en que el tío abuelo se puso la corbata en la cabeza y empezó a agitar la servilleta pidiendo a voz en grito unas tijeras para cortar la liga de la novia (gracias a Dios es un ejemplo que me acabo de inventar, aunque no sin fundamento) pero también es cierto que si oímos jarana, los fotógrafos vamos a ir allí. Intentamos no perdernos nada, pero no son infalibles.

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Otra cosa, no tengáis miedo a cortar la tarta, hombre. Ah, y a veces nos acordamos e incluso hacemos foto de la presentación de los platos antes de llegar a la mesa. Si esto es importante para vosotros, por favor, recordádnoslo.

El baile y la fiesta

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Vamos terminando. Llega el momento del baile inaugural tras el sinfín de regalos, cafés, copas, puros, licores y digestiones del banquete anterior. Aquí hacemos lo que podemos. Yo casi nunca estoy conforme con la iluminación de estos lugares; llamadme sibarita. Pero si hay poca luz, las fotos salen con un ruido atroz. Si hay demasiada luz, pues pierden “ambiente”. ¿Cuál es el término medio? Ciertamente, ni idea, pero parece que hay sitios que disfrutan privando a los invitados de ver cómo se desmadran apagando las luces y dejando apenas un par de catadriópticos y un halógeno de color azul ultramar. Y ya si usamos flash, que para algo lo llevamos, pues a veces es peor. Aunque parezca que no paro de quejarme, lo cierto es que al final de alguna de las maneras termino por apañarme como Dios manda.

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Las fotos de esta parte son… bueno, pues son fotos de fiesta. No queremos pillar a nadie en un momento, digámoslo así, comprometido. Simplemente a gente pasándoselo bien, si bien es cierto que muchas veces nos sorprendemos con lo que nos encontramos al volcar en el ordenador las tarjetas de memoria y empezar la edición de esta parte en concreto. Puede que no sean las instantáneas más favorables para ampliar al tamaño de una marquesina de autobús, pero son un buen complemento para el álbum de boda y el reportaje.

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No os lo toméis a mal, pero habitualmente, después de la cuarta o quinta canción tras el baile inaugural, las fotos tienden a volverse repetitivas y nuestra jornada laboral termina discretamente despidiéndonos de los novios e invitados más allegados.

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Consideraciones finales

Con ánimo de no abrir otro post diferente, aquí os dejo, a modo de resumen, algunas consideraciones a tener en cuenta con el fotógrafo (y que el fotógrafo tendrá con vosotros) el día de la boda.

El fotógrafo no es un invitado. Aunque lo sea (por aquello de hacer doblete si es amigo de los novios) está para cubrir vuestra boda. Os ha costado un dinero y de vosotros también depende de cómo queráis amortizarlo. Así que pedidle lo que queráis (hablando de fotografía, claro) porque está para que después de la boda tengáis un recuerdo de todo aquello que no pudisteis ver porque estabais (pre)ocupados porque todo saliera estupendamente.

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Al hilo de lo anterior, el fotógrafo está para estar atento a todo lo que pueda; pero no es infalible… así que si algo es “superimportantedelamuerte” insistidle, no se lo vaya a dejar en el tintero.

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Pese estar trabajando, somos personas. Y como tales, empáticas. Vamos, que nos gusta ser majos y que la gente sea maja con nosotros. Cuanto más majos seamos todos, mejor. Y eso se refleja directamente en el cariño con que se hacen las fotos y cómo aparecen los invitados en ellas. En serio.

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“Educad” a los invitados. Habladles de nosotros. Hace poco, en la boda de Ana y Sergio, a los dos fotógrafos (Alberto Zarzosa y un servidor) que íbamos nos habían puesto un “pequeño stand” donde se nos presentaba, de forma que la gente no se asustaba al vernos y nos reconocía a la legua. Hábil movimiento para empatizar con los asistentes.

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Elegid siempre al fotógrafo que os de confianza. Nuestro trabajo es vocacional pero es una gran responsabilidad, y debéis estar seguros al cien por cien de querer a alguien con vuestro mismo gusto que plasme este evento único e irrepetible que es vuestra boda.

El reportaje de bodas. Parte III. Cocktail, banquete y fiesta.

Y no os quiero aburrir más. Si os habéis leído tanto este post como los anteriores, espero que os haya quedado un poco más claro la manera que tenemos los fotógrafos de boda de afrontar vuestra celebración y si de paso, nos ayuda a nosotros a no tener que explicar por qué hacemos tal o cual o cosa, mucho mejor. No obstante, siempre os explicaremos lo que queráis y si alguien no lo hace, contratad a otro, porque el anterior era un borde.

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Si después de todo esto os decidís a contratarme o, aunque sea, a sopesar la posibilidad de que sea yo quien plasme vuestra boda en imágenes, desde la sección de contacto podéis escribirme y os contestaré lo antes posible facilitándoos toda la información que queráis.

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Por cierto, que podéis ver todas estas imágenes y bastantes más en esta galería de Flickr.

Y por supuesto… ¡enhorabuena!

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  • LAURA Y ABEL

    Illescas

  • NOEMÍ Y JOAQUÍN

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    Cuatro Vientos

error: © Daniel Alonso Rivero