El reportaje de bodas. Parte II. Ceremonia y fotos de pareja

Segunda parte del manual del reportaje fotográfico de bodas para novios

Tras la visita a las casas de los novios llegamos a la parte más importante y vistosa del reportaje fotográfico: la ceremonia y las fotos de pareja. Muchas veces el reportaje comienza en este punto, con la llegada del fotógrafo al lugar de la ceremonia, sea esta civil o religiosa. Esta parte, además, puede dividirse en varias etapas y dentro de ellas, además puede haber otras etapas más puntuales, así que vamos al lío.

Ceremonia

La gran diferencia entre una ceremonia religiosa o civil (al margen de lo evidente) es la duración, siendo las primeras, por lo general, algo más largas que las segundas. Y como también he comentado, existen varias partes dentro de la ceremonia que los fotógrafos tenemos que cumplir: llegada, “ceremonia-en-sí “y salida.

El reportaje de bodas. Parte II. Ceremonia y fotos de pareja

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La llegada comprende desde que nos plantamos delante de la puerta de la iglesia, ayuntamiento, finca… hasta que entra la novia en el lugar en cuestión. Allí me suelo estar temprano (o todo lo temprano que pueda después de salir de casa de la novia) para empezar a tomar contacto con los invitados y que se acostumbren a verme, porque al principio ponen cara rara y un poco de desconfianza; igual siguen pensando que cobramos por cada foto que revelan los novios. Así que ya puestos, os explico como acostumbra a funcionar la cosa.

El reportaje de bodas. Parte II. Ceremonia y fotos de pareja

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No. En un reportaje no se cobra por cada foto revelada. A los novios se ofrece un número amplio de fotografías a buena calidad que varía en función de otros factores como número de invitados, partes de la boda, predisposición de novios e invitados a ser retratados (os puede parecer extraño, pero muchos no quieren salir en las fotos aunque luego si no salen se enfadan). Por lo general, ese número de fotos oscila en una media de quinientas para una boda estándar, que puede llegar hasta las ochocientas y en rara ocasión es inferior a cuatrocientas. Lógicamente, si evitamos las casas de los novios, ese número ya tiende a reducirse drásticamente, pero siguen siendo más que suficientes para dar la visión global de todo el evento, así que tranquilos, que estas fotos van en el pack. Yo sólo os puedo aconsejar que si nos veis apuntándoos con la cámara pongáis la mejor cara posible, que luego siempre escuchamos eso de “es que no soy nada fotogénico/a”. ¿Sabíais que la fotogenia es una enfermedad mental? Y lamento decir que el único tratamiento posible es disimularlo sonriendo al objetivo, así que no os cortéis: sed expresivos, que a los novios les gusta ver cómo la gente se lo pasa bien en su boda. Me he enrollado demasiado, pero no podía dejar de escribirlo, además de que lo de “la fotogenia es una enfermedad” me lo acabo de inventar.

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Un “problema adicional”, los fotógrafos residentes. No han sido ni una ni dos (ni tres) veces donde nos hemos encontrado con este inconveniente añadido. Los recintos de ceremonias (sobre todo las iglesias) cuentan con una plantilla contratada de fotógrafos de estudio y que incluyen a los novios en el lote ceremonial. No voy a hacer valoraciones sobre el trabajo de estos profesionales, pero muchas veces los principales afectados son los propios novios, pues ellos ya han contado con un servicio de fotografía que les cubre todo el reportaje con coherencia y de pronto se tropiezan con otro fotógrafo (que sí acostumbra a cobrar por cada ampliación) que tiene preferencia en posiciones privilegiadas de la iglesia o del lugar de la ceremonia en cuestión. Así pues, muchas veces queda en manos de los novios negociar la presencia de este servicio con los responsables de las instalaciones donde se celebra el enlace. Y huelga decir que no siempre este servicio es revocable. Con tranquilidad; no pasa nada mientras se nos permita seguir estando allí. Nos encargamos de buscar otros ángulos y hacer otras tomas de forma en que todos acabemos contentos, así que no le deis demasiada importancia a este hecho. Sin duda, lo mejor es que podamos hablar directamente con la persona responsable y tener claro cuáles son nuestras concesiones y limitaciones dentro de las propiamente intrínsecas, como subirnos al altar o montar el trípode sobre la pila bautismal.

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En fin; que me enciendo y me pierdo. Volviendo a la entrada, que es donde estábamos, mientras van llegando invitados yo voy a estar allí haciendo fotos de saludos y abrazos; el novio suele ser el primero en llegar junto a su familia, así que es habitual que nos centremos sobre todo en él y en cómo le reciben el resto de allegados. A la hora prevista, todos los invitados van dentro, novio incluido a esperar a la novia (esto también es relativo, porque hay bodas donde entran todos a la vez). Si el caso fuera el habitual, en el que la novia llega acompañada del padrino, ahí estaré para hacer tomas de su entrada. Si habéis leído la parte anterior de las casas habréis leído esto que os voy a decir aquí: id despacio. Salid del coche tranquilamente. Estas tomas suelen ser bastante atractivas pero son más complicadas si se hacen con velocidad. Vais a abrir la puerta del coche y me vais a ver ahí cámara en ristre, así que sonreíd, tomad aire y salid con cuidado, que no hay prisa. El fotógrafo os acompañará hasta que entréis y os coloquéis en vuestro sitio. Por cierto ¿sabéis la cara que se nos queda a los novios -que también lo he sido- cuando os vemos entrar con el vestido? Pues esa foto también sale.

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Voy a dar por sentado que no tenemos problemas con la institución pertinente y que tenemos vía libre para movernos a nuestro antojo por el recinto durante la ceremonia, sea del tipo que sea. Así pues, lo normal es que estemos casi siempre en los laterales del altar o tribuna sacando ambos ángulos y perfiles de los novios. En esta parte siempre intentamos captar miradas, sonrisas o gestos que rompan con el hieratismo pertinente que la solemnidad del momento implica. Ponédnoslo fácil. Si nos veis (me acabo de dar cuenta de que estoy usando el singular y el plural cuando hablo de “nosotros el fotógrafo”, pero es indiferente) pululando por ahí, podéis mirarnos de reojo, o miraos entre vosotros, incluso al resto de presentes… no os podéis imaginar la cantidad de disparos que se suelen hacer en los que estamos esperando un mínimo giro de cervicales por parte de uno de los casaderos.

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Pero claro, que no solo están los interesados allí, así que también es habitual que nos pongamos a dar vueltas por la sala para retratar a los demás, a los que también les pido que sin llegar a bailar la Macarena (ya habrá tiempo para eso) no se mimeticen con los bancos. Siempre lo digo, que estamos de boda, no de entierro. Los niños en estos casos son nuestros aliados naturales, porque aunque se muestran tímidos, enseguida terminan por soltarse y darlo todo, hay mucho que aprender de ellos :-D.

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También es normal que algunos valientes de entre los más cercanos salgan a leer a los atriles; y no se van a quedar sin foto. Lo que ocurre es que muchas veces estar pendiente de hacer estas tomas nos sitúa entre ellos y el público, lo que ocasiona que los invitados se inquieten por, en mi caso, una calva en primer plano en lugar de a la prima leyendo el capítulo de la rosa de “El Principito”. Intentamos ser rápidos y esquivar las fotos de los otros asistentes, pero no somos infalibles y mucho menos trasparentes.

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En los anillos y arras nos echamos encima. Y esto es así. Y lo que suele ser así es que estas fotos sean un poco desastre; no en cuanto a calidad fotográfica sino en cuanto a encuadre: demasiadas manos muy cerradas intercambiando monedas o poniendo los anillos. En estos casos, un poco de parsimonia (no hace falta contar las arras, que son trece) tampoco viene mal si queremos asegurar el momento. Si no, tendemos a un plano más abierto y general, aunque en ocasiones se pierda un poco de la acción. En cuanto a los anillos, en las fotos de pareja posteriores siempre insisto un poco en ellos, pues son fotos más originales que las de rigor en el momento de las nupcias.

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Podría mencionar otros momentos más de la ceremonia (sobre todo si es misa y más aún si es oficio completo) como la comunión, el momento de los abrazos, o el sermón, pero es mejor de que en estas ocasiones estéis más pendientes de lo que dice el cura de que nosotros consigamos el Pulitzer del Vaticano. Estad tranquilos y disfrutad, que ya está todo hecho.

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Terminada la ceremonia, llega el momento de las firmas de testigos. No existen grandes alardes aquí: sois personas firmando documentos. Más allá de eso, la creatividad, y perdón por resultar tan hirientemente honesto, no va más allá de hacer fotos horizontales o verticales; además de que son las fotos que realmente se piden, vaya. Puedo ser tan original como para hacer un primer plano del boli con un diafragma tan abierto que el firmante parezca una cara de Bélmez, pero con toda probabilidad, aunque sea la cara del guapo de los Bélmez, esa foto no vaya a ningún álbum.

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Unos consejos y detalles antes de la salida como resumen a la ceremonia:

Las fotos en la iglesia, ayuntamiento, finca… pueden ser todo lo emotivas que los novios e invitados quieran, pero por lo general, están todos tan atentos a lo que ocurre en el altar o estrado que es muy frecuente no salir muy favorecido o despistado. El fotógrafo es vuestro amigo. Ninguno va con ánimo de pillados en un renuncio con cara torcida, cerrando los ojos o con una expresión desfavorecedora… y estas cosas ocurren sobre todo cuando se intenta evitar descaradamente la vista del objetivo. Además, en bodas de trescientos invitados es prácticamente imposible estar atento a todo el mundo y lo importante es la pareja que se casa. Si no salís en las tomas de la ceremonia, entendedlo, pero si queréis aparecer, pedidlo, que para eso estamos.

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La iluminación además no suele ser siempre la más adecuada si el lugar es cerrado. La parte de los novios siempre cuenta con luces, así que no hay problema, pero la parte de los asistentes no acostumbra a disfrutar de los mismos lujos. Eso cambia por completo si la boda es al aire libre en una tarde soleada de mayo o junio ¿a quién no le gusta casarse así?. Pero tranquilos, que estamos acostumbrados a luchar contra los elementos y para eso tenemos el flash. Lo que ocurre es que si de pronto en el reportaje veis estos cambios bruscos de una iluminación natural y global a una más puntual y contrastada, sabed que puede ser por eso.

La salida de los novios

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Bien, ya hemos firmado y yo (o nosotros, o el que sea) se escapa de la iglesia (o juzgado, casa consistorial o piscina con macetas) para esperar a que los novios sean recibidos a espuertas de arroz, flores y petardos. Aquí, la pareja poco tiene que hacer salvo aguantar el tipo, pero invitados… dadles cuartelillo a los pobres. Todo el mundo quiere lanzarles cosas desde el cariño… y desde detrás del fotógrafo, que intenta como puede hacerse un hueco entre la marabunta de conocidos. Si puedo, me tiro al suelo, a pesar de que eso consista en recibir tanto o más “amor en forma de confeti” que los recién casados. Pero ese es mi/nuestro problema. No lo es tanto asegurar una ráfaga de fotos de los novios recibiendo la lluvia de arroz y otros elementos arrojadizos. Esta parte es tan imprevisible que ciertamente resulta inútil planificar mucho más de lo que acabo de exponer.

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Y luego besos y abrazos y enhorabuenas y vítores y… se nos echa el tiempo encima. Cuando planificamos tiempos en las bodas, a la salida de la ceremonia prevista le sumamos un montante de entre quince y veinte minutos sobre el tiempo previsto antes de irnos (siguiendo el orden habitual) a las fotos de pareja. Este tiempo es el que se acostumbra a tardar saludando a parte de los invitados, porque es muy difícil en ese momento saludar a todo el mundo. Alguna vez se ha sugerido hacer las fotos de grupo justo en este momento, pero no suele ser lo normal ni lo más cómodo, porque están todos deseando llegar e inaugurar el cocktail. Así que si me preguntan, yo prefiero hacer estas tomas un poco más adelante, con más calma y sin prisas. Aún así, e insisto, como estamos para lo que haga falta, si nos solicitáis una foto no nos podremos negar y os la haremos encantados.

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Las fotos de pareja

Y llegamos al punto fuerte del reportaje, donde como fotógrafos podemos lucirnos más y donde como novios podéis darlo todo. Esta parte es muy importante y son las primeras imágenes que vais a tener de recién casados si obviamos las de la salida con el arroz. Y escribiendo esto me vienen tantas cosas a la cabeza que no sé ni por donde empezar, así que voy a intentar llevar orden y que esto no sea un maremagnum de verborrea sinsentido.

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Lo primero, el tiempo. Me refiero a la duración, no al clima, aunque indirectamente puede afectar. Una sesión de pareja no puede, ni debe, durar más de veinte minutos. En extremo, media hora, pero ya es excesivo. Pensadlo bien. Veinte minutos de un fotógrafo para vosotros solos que aunque hace lo que él quiere, está dispuesto a hacer lo que le pidáis. Vamos, ya quisiera Elle McPherson. Además, sabemos que estáis como locos por llegar, brindar y no perderos ni un sólo canapé, así que hay que intentar que este tiempo sea efectivo.

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Luego, el lugar. Que influye directamente en lo anterior. El emplazamiento para estas fotos no tiene por qué ser un paraje espectacular (que si lo es, pues muchísimo mejor), basta con que sea tranquilo y que no esté muy alejado del restaurante o si acaso de camino, para optimizar la agenda. Si toda la boda es en una finca, por ejemplo, las fotos de pareja se pueden hacer ahí, sobre todo por comodidad y porque suelen ser localizaciones muy preparadas para este tipo de situaciones.

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La actitud, muchachos; la actitud. Ya estáis casados, así que relajaos. Es el momento de que comentéis cómo habías visto a la tía Graciela o de lo que os parece el color del traje de las damas de honor. Sed vosotros mismos, que nosotros ya os vamos dirigiendo. Pero ojo, que muchas veces tenéis vosotros mucho más claro que nosotros las fotos que queréis. No dudéis en pedir alguna foto que hayáis visto y que os gustaría reproducir. Vuelvo a ser lastimosamente honesto: nosotros no inventamos nada, pero retorcemos lo que está inventado. Las fotos de una boda a otra suelen ser parecidas en cuanto a temas y encuadres, igual que las fotos de un Madrid-Barça son siempre similares, por poner un ejemplo. “Pero ¿me estás diciendo que mis fotos son como todas las de los demás? ¿qué me estás contando?” Pues sí y no. Similar no es lo mismo que igual y hay cien mil recursos que emplear, que dependerán del entorno en el que hagamos las esta parte: si contamos con elementos externos, si tenéis más o menos ganas de moveros… si hay algo realmente incómodo después del traje de novia es pensar que os estamos molestando con las fotos mientras estáis pensando en otra cosa. Este es un momento para que lo disfrutéis vosotros y que marca una gran diferencia de una boda a otra: ni casas de novios, ni baile, ni banquete ni por supuesto ceremonia, dan tanto la pauta a nivel fotográfico como las fotos que salen de estos veinte minutos. Así que os lo repito, pensadlo y pasadlo bien.

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Algunos consejos para las fotos de pareja

Por si con todo lo anterior no os ha quedado claro, aquí os dejo algunos consejos más que os beneficiarán tanto a vosotros como “novios modelo” como a nosotros como fotógrafos.

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El fotógrafo se lo pasa bien aquí. En serio, es la parte que más disfruta porque es en la que se puede ser más creativo. Así que si notáis que os pide esto o aquello, sabed que lo hace (o hacemos) porque tiene la idea en la cabeza. Estas cosas a veces implican acciones que pueden resultar extravagantes, pero volvemos a lo de siempre, sin que esto se convierta en una boda rusa, se puede convertir en una boda divertida.

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Siempre que puedo lo digo y casi nunca ocurre: elementos ajenos. Hay quien alquila una furgoneta y la exprime al máximo, pero tampoco hace falta llegar a ese extremo. En el entorno siempre hay cosas que incluir en las fotos: hojas secas si es otoño, árboles, columnas, bancos… vamos, que no son (o no tienen que ser) fotos “sólo” de vosotros posando (aunque de estas tampoco os libráis). Pero si damos un paseo por un entorno urbano, tomaos una caña o probaos un sombrero, que no hace daño a nadie. Además de que basta ver a una novia pasear por la calle para que todo el mundo se gire y se desviva en elogios. Si no habéis sido novia (chicos, lo siento) esto no lo habréis notado, pero hacedme caso a mi, que sin haber sido novia tampoco, me he desvivido en elogios con las que he visto por la calle.

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Llegados a este punto, pensad en las fotos que os gustaría enseñar a los amigos y en las que os gustaría tener para vosotros solos. Estamos en una era donde “el álbum tradicional de boda” ha quedado relegado a un plano muy secundario. Las redes sociales, las fotos de perfil y  los fondos de pantalla de móviles y tableta son nuevos escaparates donde a la gente le gusta llevar sus recuerdos. Y vais a tener seiscientas fotos… así que ¿os vais a privar de haceros un selfie (con o sin palo) o alguna otra extravagancia? ¿Por qué? Poned buena cara y en la siguiente sacad la lengua; plantaos unas orejas de elfo o saltad juntando los talones si os apetece. Lo más que vais a perder son unos segundos y a cambio podréis tener unas fotografías que rompan la monotonía del protocolo. Aunque no vayan en el álbum.

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Y creo que de estas secciones poco más me queda por decir. Os invito a la última entrega de esta “pequeña-guía-en-tres-grandes-partes” (o si no habéis visto la anterior podéis verla también) donde hablaré del apeo del fotógrafo en el cocktail, con las fotos de grupo, en el restaurante y por último, en el baile y la fiesta, además de orientaros sobre precios y algunos consejos finales de carácter global, un poco resumen de todo lo anterior.

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Espero que os esté gustando y no toméis muy en serio los chistes malos. Si queréis ver algunas cuantas fotos más tanto de la ceremonia como de pareja, daos una vuelta por la galería de Flickr.

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  • LAURA Y ABEL

    Illescas

  • NOEMÍ Y JOAQUÍN

    La Roda

  • JULIA Y SIMÓN

    Madrid

  • MARTA Y DAVID

    Arganda y Centro de Madrid

  • PATRICIA Y ALBERTO

    Toledo

  • ANA Y RAMÓN

    Batres

  • TÁNGEL Y AROA

    Torrelodones

  • BEATRIZ Y VÍCTOR

    Madrid

  • ANA Y SERGIO

    Zamora

  • NOE Y JUAN CARLOS

    Alcalá de Henares

  • TAMARA Y CÉSAR

    Cuatro Vientos

error: © Daniel Alonso Rivero