Fotografías de invitados en las bodas

Fotografías de invitados ¿Son realmente un problema?

Hace un par de días, un amigo compartió conmigo la siguiente noticia: una fotografía de boda (hecha por Thomas Stewart, fotógrafo de bodas australiano) se había convertido en viral al denunciar su autor una serie de agravantes de la misma. En la imagen, se puede ver, de manera subjetiva, cómo la novia se acerca al altar mientras un grupo de invitados la fotografían con sus móviles, dificultando al novio, en último término de la imagen, que pueda ver cómodamente a su prometida; de hecho se tiene que ladear para poder verla bien. La noticia que yo leí, es ésta:

http://difundir.org/2015/11/10/la-foto-viral-que-hizo-decir-basta-a-un-fotografo-de-bodas-lo-apoyas/

Ante la pregunta que plante el artículo, mi respuesta es “sí, pero con matices”. A Stewart, profesional con una factura impecable, le molestaba tanto el hecho de que los invitados impidieran que él pudiera hacer bien su trabajo al entrometerse ellos mismos usando sus cámaras de móviles y tablets en situaciones específicas, como el hecho de que al hacerlo, los propios novios se perdían momentos importantes de su propia boda, alegando además que los invitados no suelen hacer buenas fotografías empleando estos dispositivos.

Veamos. Como fotógrafo de bodas quiero decir varias cosas, tanto a favor como en contra de estos argumentos, haciendo de abogado del diablo a veces e incluso tirando piedras sobre mi propio tejado, pero es que no podemos, como se dice habitualmente, poner puertas al campo.

Fotografías de invitados en las bodas

Hoy por hoy es prácticamente imposible conocer a alguien sin cámara de fotos. Todos (o casi todos) las llevamos en los móviles o tablets; algunos incluso en ambas. También se ha popularizado tanto la fotografía que quien más quien menos tiene una cámara decente en casa, compacta o réflex semiprofesional. Lógicamente, el abanico de posibilidades se ha abierto al público, quien, inmerso en una sociedad puramente audiovisual, pretende no perderse ni un solo momento que pueda grabar o fotografiar con el aparato que sea. Yo el primero.

Verdaderamente, el problema nos viene de atrás, porque, para bien o para mal, los que rondamos ya cierta edad pertenecemos a esa sociedad de cambio que ha pasado de lo analógico a lo digital, cuando “lo analógico” no estaba tan de moda, era más aparatoso y sus resultados, para el común de los mortales eran cuanto menos inciertos, mediocres, escasos y/o insatisfactorios; ¿o nadie recuerda haber revelado las veinticuatro fotos de un carrete fotográfico de unas vacaciones para constatar luego que más de el 50% estaban movidas, desenfocadas, subexpuestas, sobrexpuestas… con el consiguiente gasto implícito que además tenía el revelado, claro. Con la llegada de las cámaras digitales la cosa cambia. Decimos adiós al límite de los veinticuatro (o treinta y seis, para los valientes) negativos por carrete; elegimos las fotos que queremos conservar según las hacemos; podemos corregir la composición al mismo tiempo que vemos el resultado; disparamos ráfagas sin temor a dejarnos el sueldo en revelar luego las fotografías… en definitiva, podemos fotografiarlo todo. Y de hecho lo hacemos.

Fotografías de invitados en las bodas

Ya nadie quiere perderse momentos importantes, sean bodas, viajes, comuniones o cenas de empresa; tanto que a veces se nos va de las manos y retratamos nuestra cerveza con torreznos como si fuera la primera y única vez que la probamos y nos sentimos orgullosos si conseguimos que tenga más “Me gusta” en Instagram que la foto anterior que subimos ayer. En este punto, comparto la opinión de Stewart: amigos, poned el freno y disfrutar con los cinco sentidos en lugar de sólo con uno.

Pero claro, dicho esto, nadie puede controlar a nadie para que haga o deje de hacer, pues es una decisión personal e impedir el uso de estos aparatos a los invitados va más allá de la mera sugerencia ¿de verdad vas a impedir al padre de la novia hacer una, o veintisiete, fotos a su hija el día de su boda? Yo, desde luego, ni por asomo. A fin de cuentas, los invitados son mucho más importantes que yo, por mucho que insista en lo importante que es nuestro trabajo. Y es más, en una boda de doscientos invitados es muy complicado atender a todos los momentos a la vez y tenemos que centrar la atención en uno en concreto, por lo cual, los invitados al final tienen su propio reportaje de la boda, que no es ni mejor ni peor, simplemente diferente, lo que me lleva al siguiente punto sobre que las fotografías de los invitados son malas.

Fotografías de invitados en las bodas

Bueno, por lo general, no son grandes imágenes. Si lo fueran, nuestro trabajo no tendría sentido. Esto ocurre por varios motivos; el primero de ellos es que muy pocos invitados entienden de fotografía como para lograr una buena instantánea. A veces ocurre, claro. Y en muchas ocasiones, esas fotografías cumplen su función: son recuerdos del momento, sin más. Otro factor que influye es que los invitados no están allí para “hacer fotos”, pese a que ls hagan. Por mucho que insistan muchas parejas de novios en que “con las fotos de los invitados me sirve y no necesito contratar a un fotógrafo profesional” (allá ellos), cuando invitas a un familiar, amigo o conocido a tu boda, lo haces con el ánimo de que se lo pase bien y disfrute y que haga fotos si quiere y si no, que se deje la cámara en casa. Si esperas que un invitado esté levantándose constantemente de su mesa en el banquete, pendiente de los regalos que te hará el resto de invitados, de no perderse un momento de gente que ni él mismo conoce, que luego procese las fotos por poco que sea y que además haga un buen trabajo sin tener por qué saber el oficio, francamente, le vas a amargar la fiesta encasquetándole una responsabilidad muy grande.

Con todo lo anterior, sin embargo lo sí que está en nuestra mano (la de los fotógrafos) es matizar con los novios determinados resultados en base a determinadas conductas. Me explico. Si nuestro trabajo es conseguir un buen reportaje de todos los momentos y detalles, no se pueden garantizar buenas fotografías si en esos momentos clave hay “alguien” que entorpece nuestra función. Sí que debería ser responsabilidad de los novios encargarse de informar a los asistentes de que ya hay alguien que va a hacer fotografías y que están pagando un buen dinero por ellas como para arriesgarse a que salgan mal; a fin de cuentas, es su inversión y no sé otros fotógrafos, pero yo no me considero a priori con suficiente autoridad moral como para pedirle a ningún invitado que no me moleste; también es verdad que es un caso que se me ha dado en muy pocas ocasiones. El hecho de lidiar con estos entorpecimientos me lleva ya al último punto que quería exponer.

Fotografías de invitados en las bodas

Y es que, puestos a pedir a los invitados que no lleven cámara/móvil/tablet, como sugiere Stewart bajo su -respetable- punto de vista, pues podríamos pedir a los novios que en lugar de vestirse en su casa, lo hagan en la habitación de un hotel bien iluminado; que no hayan nada más que el número justo de personas ayudando (o entorpeciendo) a los novios mientras se cambian; que las novias lleven el pelo suelto en lugar de recogido (o al revés, según gustos) porque las fotos salen mejor así o asá; que las casas estén recogidas y que comprueben que todas las bombillas funcionen; que elijan una iglesia que no parezca un submarino; que dejen las luces encendidas durante el baile, etc, etc, etc. En resumen: inconvenientes. A todos nos gusta trabajar a gusto y cómodos cuando trabajamos en una sesión de estudio, pero la diferencia entre un fotógrafo de bodas y un BUEN fotógrafo de bodas, consiste en sacar el máximo partido posible a la imagen contando con unas circunstancias adversas. Como digo yo, en la playa, con la luz del atardecer y unos novios vestidos de Galia Lahav hay que ser muy torpe, siendo fotógrafo, para hacer un mal reportaje; pero hablemos de cómo se puede conseguir un resultado óptimo (muchas veces muy alejado del resultado esperado) cuando tenemos unas condiciones de luz, espacio o tiempo, cuanto menos escasas, por no decir otra cosa. ¿Entendéis a qué me refiero?

Por resumir un poco a modo de conclusión y como mi opinión personal; ser fotógrafo de bodas implica hacer frente a muchas situaciones que no siempre son las más propicias, entre ellas, lidiar con los invitados “armados” con sus dispositivos que también hacen fotos y quieren tener su recuerdo de un momento importante. De los novios depende el tipo de reportaje que les podamos entregar al final y de nosotros sacar el máximo partido a esas circunstancias. A mí, la foto que Stewart emplea para denunciar este hecho, me parece francamente buena.

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    Illescas

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    La Roda

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    Madrid

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  • ANA Y RAMÓN

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    Madrid

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  • TAMARA Y CÉSAR

    Cuatro Vientos

error: © Daniel Alonso Rivero